Paco el Vespa, serpientes americanas y rallyes en burro

Historias / hace 197 dias

La Gavia, uno de los barrios de las medianías de Telde, a medio camino entre La Atalaya y el valle de San Roque, recuperaba ayer en genuino sabor de las fiestas de los barrios, en las que las dos ruedas tenían tanto predicamento en décadas pasadas: “No había otra cosa. Íbamos de fiesta en fiesta porque allí era dónde se hacían las carreras populares con subidas en cuesta, motocross y las carreras de cintas”, nos contaba Feli Santana, responsable del nacimiento de Retromot LM, uno de los eventos que se derivan del Viejas Glorias y que pretende mantener y perpetuar el espíritu del motociclismo en las medianías de Gran Canaria.

 

Tras presentarnos a la primera invitada a la fiesta, una de las famosas serpientes norteamericanas que se han instalado entre los pedregales de las barranqueras de media isla, a falta de depredadores autóctonos y de la dejadez en la que se encuentran terrenos que antes eran de cultivo, Feli nos mostró las imágenes de la exposición fotográfica: “Justo donde se ubica este edificio fue en su día el terreno donde se asentaba un circuito de motocross hecho a pico y pala, azada y sudor, con el entusiasmo que le ponían aquellos jóvenes de la época que soñábamos con emular a los pilotos que veíamos, de semana en semana, en las descoloridas revistas que llegaban a un barrio que ha tenido una gran tradición de motos, sobre todo de motos pequeñas y humildes de pequeña cilindrada, valientes como ninguna y que han servido para mantener viva la llama del motociclismo en esta zona alta del municipio de Telde”, señalaba.

 

 

Antes de que comenzaran las carreras de cintas y la simpática prueba de “aceleración” tuvimos ocasión de conocer en persona a un “maestro de la mecánica”. Maestro de los de antes y del que teníamos referencia a través de relatos de terceros; Paco el Vespa, que se presentó en la cita teldense con cuatro licencias municipales, todas con más de medio siglo sobre sus hierros. ¿La quiere ver con humo y ruido?, me dijo mientras tomaba unas fotos de una oxidada Moto Guzzi Dingo.

 

Esa fue la carta de presentación de Don José Francisco Vega González, que así se llama Paco el Vespa, quién comenzó su andadura en el mundo de las motos como mecánico en concesionario oficial de Vespa, que estaba junto a la casa del coño (con perdón) y que se llamaba Vespa Las Palmas, rodeado por personajes de la época cómo Fernando “el películas”… Paco es oriundo de Gáldar, donde aún permanece semidormido su taller de motos: “Ya estoy jubilado. El taller cerró hace años y ahora, ocasionalmente, hago alguna chapuza a algún amigo que viene por allí. Charlamos, recordamos batallas y bueno, si cuadra y tengo alguna pieza que le sirva, solventó alguna cosa, pero ya no me dedico a esto profesionalmente ahora sólo es un hobby que intento mantener y que me mantiene a mí, joven y dinámico”, nos contaba mientras iba arrancando una a una, y de una certera patada, las joyas que allí mostraba.

 

“Me he venido con estas cuatro motos”, decía señalando una por una. “Una Derbi Tres Marchas, dos Moto Guzzi Calderino y una Moto Guzzi Dingo. Todos son modelos Licencia Municipal -menos de 50cc de ciclindrada- y de tres marchas”, aclaraba ante el desconocimiento de quien aquella época le pilló demasiado joven. “Las Derbi las vendía Salón Mercurio, en la calle Canalejas, y la marca Moto Guzzi la representaba Viuda de Peñate. Eran motos de la gente humilde. Era frecuente verlas entre plataneras tomateras y cargadas de todo tipo de mercancía, desde un racimo de plátanos a varios cántaros de leche recién ordeñada de las cabras que hacían que la rueda delantera se levantara al salir con valentía por los caminos de tierra”, afirmaba señalando la que teníamos más cerca, “esta de aquí, la conseguí de un señor de La Aldea que andaba con ella llevando a su mujer, al niño y una caja de tomates, detrás”.

 

Sobre el estado de alguna de ellas nos contó que las restauró hace más de 30 años, “desde entonces las he mantenido inalteradas incluso sin limpiar, sólo el cuidado del mantenimiento del motor para que luzcan con orgullo su solera”, aseveraba. “Los motores son originales, de hecho se repararon para hacerle perrerías”, señalaba socarronamente el gurú de las Vespa afincado en Gáldar, “pero son motos de batalla: Cuando limpio el carburador no le quito ni la tierra”, presumía dejando boquiabiertos a los congregados alrededor de las Guzzi de aspecto herrumbroso que cobraban vida de manera casi mágica.

 

Unas motos de valor incalculable de las que Paco no quiere desprenderse: “El precio se lo pone la persona que se encapriche con ella pero yo, de momento, no las quito. Una fue de un gran amigo mío y otra se la pude levantar a mi jefe cuando trabajaba en Vecindario. Tenía 4 en la azotea de su casa y al final pude quedarme con una que completé con la documentación de otra que estaba condenada al olvido, en un gallinero, haciendo de saltadero para las gallinas, y terminé poniéndola al día y dándola de alta en Gáldar”.

 

 

Según el maestro Paco aún es fácil encontrar repuestos para reparar todo este tipo de motos; simplemente hay que saber buscar lo que se necesita, “yo aún conservo algunos motores completos reparados por mi mismo. En definitiva, son piezas como cojinetes o retenes que se encuentran en el mercado”. Esti tipo de motos no solían dar muchos problemas, dejando aparte que se calentaban con facilidad y según palabra de quien las conoce a fondo, lo más crítico es acertar con la mezcla aceite/gasolina: “Yo hasta hace cuatro días, como quien dice, no he sabido hacerla perfecta. Como decía el fabricante; para cuatro litros de gasolina, una cuarta de aceite y tendrás una carburación correcta, grasa y sin excesos de humos”, aseguraba mientras posaba para la foto y nos daba el secreto para los cambios de marchas en el lateral del depósito: “Acelerar, soltar el manillar y cambiar mientras aprietas el embrague”, una liturgia que hemos olvidado, o que nunca tuvimos que aprender.

 

La conversación con Paco el Vespa no tiene fin. Tiene repertorio para dar y tomar. Y así comenzó otro relato de los avances tecnológicos en las Moto Guzzi Jabato “de cuatro marchas”, pero eso ya será una historia que le contaremos en otro momento, porque el amigo Jonás, sí; el que organiza cada año el evento “Only Men”, que también es de esta zona, prolija en hombres de motos, nos contaba los famosos rallyes en burro que atraían al pueblo a centenares de personas en las fiestas de María Auxiliadora: “Era un espectáculo. Cuando llegábamos a la curva de arriba”, decía con entusiasmo, señalando la parte alta del barrio, “el encargado de la megafonía del pueblo ponía sonidos de rally con derrapadas que hacían reír a todo el mundo que se acercaba para ver esta carreras de burros. Yo de hecho, participé en alguna con un burro que me prestaron. Lo pasábamos en grande. No necesitábamos mucho más para ser felices. Hoy en día estamos tan llenos de estímulos que ni siquiera valoramos lo que teníamos, aquella envidiable ilusión”, concluía.

 

El objetivo de este tipo de iniciativas recuperar el eslabón dormido del motociclismo en las medianías de Gran Canaria, cuna de muchos de los que amamos este está bendita locura de las dos ruedas aún. “Hay que recuperar muchas motos que siguen por ahí perdidas, en las eras y en los alpendres de la zona y que actividades como esta sirvan para que algún día vean la luz y podamos recuperar las en forma de Viejas Glorias”, señalaba el organizador del evento, Feli Santana.

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