Triumph Scrambler La Canaria, un concentrado de historias de viajes

El espíritu “Scrambler” levanta pasiones entre preparadores de todo el mundo, y son tantas las marcas que han sacado al mercado modelos basados en este concepto que podríamos decir que, al igual que el resto de las preparaciones, está en la cresta de la ola. Basta fijarse en las exclusivas preparaciones que lucen en cualquier salón o concentración de motos para descubrir qué raro es el stand en el que no luce, con todo el protagonismo, alguna “scrambler”.

 

La estética setentera de asiento plano y desnudez sigue vigente con nuevas propuestas, como la Triumph Scrambler “La Canaria” que presenta Oliver Padrón, responsable de ventas de Triumph Canarias (Gubra) en Las Palmas. Motos auténticas, sin ayudas electrónicas a la conducción, muchas con asiento amplio para el pasajero, con neumáticos más anchos de lo habitual, y con escapes que sin llegar a ser estridentes, buscan el sonido de los 80. Un espíritu clásico y un estilo de conducción en el que, por encima de la velocidad, predominan las sensaciones y, sobre todo, los recuerdos; los recuerdos de toda una vida.

 

Oliver nos muestra su hipnótica personalización sobre una Triumph Scrambler de 2014. Una moto con todo el espíritu setentero, en el que predominan los tonos mates, y de la esperas ver aparecer bajo el casco, un tupé en el peinado de su piloto… ¡Pero no todo es posible! Bromas aparte, el trabajo hecho en el taller de Gubra sobre la base de una Triumph Scrambler de serie ha sido merecedor del premio a la mejor transformación libre en el concurso “Bike Show” de la pasada edición del evento Viejas Glorias Canarias.

 

Cuando hablamos de espíritu setentero, nos referimos sólo a eso, al espíritu, porque lejos de pensar en aquellos “hierros” que temblaban, repiqueteaban y cuya dirección era más nerviosa que un pavo en vísperas de Navidad,  “La Canaria” es una moto robusta, contundente y efectiva que ha sabido conjugar la moda y lo retro en un paquete tan inequívoco como hipnótico… ¿O me vas a decir que no te gusta? Pero dejemos que sea su protagonista, Oliver Padrón, quien nos relate la historia de su moto; su propia historia.

 

 

Me llamo Oliver Padrón y aunque sé que una Triumph Scrambler del 2014 personalizada en su gran mayoría con un kit de JvB Moto no es una gran exclusiva, ni una moto especialmente novedosa, sí que me enorgullezco de la historia que tiene que contar, que al mismo tiempo quiere servir de agradecimiento y motivación.

 

La historia es mi historia. Tengo 45 años y hace 30 que soy aficionado activo a las motos. Hace 6 años dejé mi carrera profesional para empezar a trabajar en lo que me gustaba; las motos. Simplemente pedí trabajar como vendedor en el concesionario del que era cliente hacía 12 años. GUBRA MOTOS, actual concesionario de Harley-Davidson, Triumph y MV Agusta en las Islas Canarias. Gracias a la oportunidad que me dieron, he podido conocer este mundo de las motos desde dentro. La idea también era tener más calidad de vida. Poder tener vacaciones y  viajar…

 

Oliver Padrón: “Tener ilusiones es la mejor gasolina para mover tu vida”

 

Viajar con tu moto desde Canarias es caro y complicado. Y viajo siempre con mi mujer, por lo que hay que planear actividades para ambos. Así que he ido buscando la forma de “alquilar moto” al menos un par de días en casi todos los sitios que he visitado. En septiembre de 2011 hice mi primer viaje soñado, un mes por Japón y Australia. Y de esa forma, por casualidad, empezó la afición a visitar tiendas de moto, preparadores y eventos. Tokio ya no es lo que era en los años 80, pero vimos tiendas interesantes e hicimos una bonita excursión al Monte Fuji en moto. En Sydney alquilé una moto también y visité Deus Ex Machina. Pero llegué un poco tarde y no les impresionó que viniera de Canarias. Me cerraron la puerta en dos minutos. Desde ese momento, cada viaje ha tenido como tema principal algo relacionado con las motos.

 

Con mi Triumph Scrambler quiero agradecer el tiempo y atención que me han dedicado todas aquellas personas a las que visité en estos años de viajes. Imola 200 Miglia Revival (2012), Mula Fest Madrid (2013) , Motorbike Expo Verona (2014), The Bike Shed (2015 y 2016), Stuart Parr Collection NYC (2015), Glemseck 101 (2015), EICMA (2015), Wheels & Waves (2016). Aparte de todas las tiendas que he podido visitar en diferentes viajes a Miami, New York, Londres, Bologna, Milán, Verona…etc. O museos como el National Motorcycle Museum (Birmingham, Reino Unido), o el de Sammy Miller (New Milton, Reino Unido). De todos estos sitios siempre he tenido una inspiración o idea para poco a poco imaginar la moto que quería. Por supuesto que tengo que agradecer en primer lugar a Triumph España y GUBRA, mi empresa, su ayuda en este proyecto. Pero la lista de agradecimientos es larga y con mucha categoría: Jens vom Brauck (JvB-Moto), Jochen Schmitz (LSL), Rizoma Spain, Andreani MH Ibérica (Öhlins), Nelly (pintura), Candy (logo), y Néstor (compañero de trabajo y mecánico; sin él nada se hubiera hecho).

 

Lo que quería con mi moto era lograr un look agresivo y minimalista. Un poco al estilo Mad Max. Cualquiera que conozca este mundillo puede identificar muchas cosas en mi moto parecidas a otras que ya existen. No pretendo presumir de genialidad o de ser pionero en nada. No es una moto “de autor”, es solo la moto de un aficionado. He copiado directamente un poco de todo lo que me ha gustado. Quería también que la moto me sirviera para ir a trabajar todos los días, salir con los amigos, y hacer un poco de Off-Road light. De las cosas que he puesto en la moto destaco el faro antiniebla de led donado por una Tiger 800, y haber colocado la rejilla de faro principal original de Triumph en la Jvb Head Light. Recomiendo los pisantes de Biltwell y el manillar Tomaselli por la comodidad que me dan. El asiento es un JvB-Moto modificado por un artesano de la piel local (Santi Carballo). La inspiración es clara…Dow & Out. Fue imposible conseguir comprar el asiento a ellos directamente. Están muy ocupados últimamente (se han convertido en un referente de las preparaciones sobre base Triumph)

 

Por último quiero animar a todos los amantes de este mundo de las motos a que hagan la moto que sueñan. Sobre todo me gustaría motivar a los que trabajan vendiendo motos, como yo. Me parece muy triste ver que a veces algunos no tienen una moto propia con la que disfrutar con los clientes y amigos. Cada uno de nosotros, los profesionales del sector, tendríamos que tener una moto con la que contar nuestra historia como amantes de las motos. Cada vez que ruedo con mi moto recuerdo alguna cosa de alguno de mis viajes. Y eso me hace dar gracias por poder dedicarme a esto y poder compartirlo con los demás. También me mantiene soñando con más  cosas que hacer. Y tener ilusiones es la mejor gasolina.

 

 

Probamos Triumph Scrambler “La Canaria” de Oliver Padrón

 

Es indudable que Triumph es una marca que sabe impregnar a sus motos un inconfundible encanto que levanta pasiones entre los aficionados  y, últimamente más que nunca, entre los preparadores de todo el mundo. Preparaciones que no siempre son acertadas, sobre todo si los cambios introducidos no van a favor de mejorar el apartado dinámico del modelo del que toma la base. Y para probar este nuevo look de líneas sencillas, incluso minimalistas, anuncia su propietario, sometimos a “La Canaria” a una sesión de pruebas por algunas de las carreteras preferidas por los moteros de las islas.

 

Un halo irreverente envuelve a una moto que nada más subirnos a ella nos lleva a soñar con las escenas de Steve McQueen escapando en “La Gran Evasión”. Si en el modelo de serie es ya un icono de las dos ruedas, en “La Canaria” se enfatiza su imagen rebelde con el doble escape Arrow elevado, el faro de antiniebla lateral, el manillar alto Tomaselli y los generosos neumáticos Metzeler Karoo III de tacos que calzan sus llantas de radios. Su carrocería minimalista, y con detalles relevantes como el depósito cepillado -a base de trazos pintura de la mano de Nelly-, realza el carácter de una moto que nos invita a buscar emociones a lomos de una auténtica joya de época.

 

Todo en “La Canaria” ha sido reconvertido en un culto a minimalismo. Los dos relojes analógicos han sido sustituidos por un pequeño reloj que ofrece toda la información, aunque de manera poco legible. Los amortiguadores originales han dejado paso a un par de eficientes Öhlins y el faro está custodiado por una coqueta rejilla. Las estriberas y las manetas de freno y embrague, también son diferentes al modelo de serie, y respecto al motor, se ha trabajado en la centralita, en el escape y en el filtro de admisión, para mejorar la entrega de potencia. En cuanto al peso, se ha conseguido rebajar en unos 10 kilos los originales 230 en la báscula.

 

No es ligera, ni estrecha, pero aún así, la postura de conducción es muy cómoda. Uno de sus mejores baluartes. Puedes llegar bien al suelo desde los 825mm de su asiento. La espalda va erguida y no necesitas flexionar demasiado las piernas. El escape, que a priori asusta, no molesta demasiado por el lateral derecho. Las estriberas son cómodas, incluso para los que se atreven a meterse por lo marrón con una moto de más de 220 kilos. Las manetas de freno y embrague, pequeñas, ligeras y multirregulables, se adaptan perfectamente a las demandas de la conducción. Tampoco parece -no pudimos probarlo- que el/la acompañante se queje de su asiento o postura.

 

 

El motor mantiene la arquitectura más popular de la marca británica. Un bicilíndrico paralelo de 865 cc refrigerado por aire que desarrolla 59 CV de potencia a 6.800 vueltas y 68 Nm de par a 4.750 rpm, que consume unos 5,5 litros a los 100kms. No ofrece unas prestaciones fulgurantes, pero la inyección disfrazada de carburadores, hace un trabajo excelente para que puedas disfrutar de muy buenas sensaciones que te permiten mantener un ritmo constante, aprovechando la amplia cifra de par motor. “La Canaria” es una moto que conecta con el carácter de los isleños, a quienes que no les gusta el estrés. La mejor forma de disfrutarla es encadenando curvas a ritmo tranquilo, sin necesidad de clavar los frenos o de poner a prueba los tacos de los Metzeler abriendo gas a fondo a la salida de las curvas, que puede hacerlo, pero no va con su carácter.

 

Y hablando de tacos, joder qué bien pisan los Karoo III sobre el asfalto. Ni un susto, ni un flaneo al inclinar. Todo en su sitio aprovechando en buen trabajo de la pareja de Öhlins traseros. Si e te empleas, puedes sacarle un buen ritmo aprovechando la suave entrega de potencia. Basta con que te marques una trazada y la dejes rodar en la curva. ¡Qué lástima que no sea necesario utilizar con mayor frecuencia su excelente caja de cambios! Precisa y de accionamiento rápido. El manillar ancho y alto te ayudará a hacer palanca en caso de que lo necesites. De los frenos tampoco vas a tener queja alguna. Cumplen su cometido aunando potencia y dosificación.

 

Antes de probarla, ya me gustaba. Una moto que suma a su natural atractivo ese sello personal que la ha impregnado el equipo de Gubra. Es una moto realmente fácil de conducir -ahora me explico algunas cosas- y con la que te centras en disfrutar del paso de los kilómetros, sin que te los marques como objetivo. Disfrutas de las sensaciones de una moto clásica pero ahorrándote los dolores de cabeza que, en forma de flaneos, problemas de arranque o de carburación, suspensiones secas o ahogos en la respiración de su motor, llevan consigo las motos de “aquella época”. Disfrutarla, con la confianza que le otorga su actual tecnología, te permitirá ser el más popular en cada parada de la ruta o en los semáforos de tu ciudad… ¡Esta canaria tiene mucho atractivo! Pero tranquilo, si la entras no te va a hacer la cobra.

 

Fotos: Juan Carlos Alonso y Canariasenmoto

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